Siempre fui el marimbero, el boxeador, el titiritero, el mendigo. Nunca supe la línea perfectaentre la razón y la duda. Pecados cometí en la soledad de mi sangre. Crímenescontra la sombra, gritos sobre el aire. Siempre fui el equilibristahasta que me di de culo contra el suelo. No pude subir a tiempo al espectáculo.Me cesaron. Desde entonces escribo con palabras sucias, contaminadas de cantina, de sombras,de madrugadas abandonadas en el quiciode alguna iglesia solitaria. Siempre fui eso que me tocaba ser : el equilibrista temblando ante la cuerda, el domador adentro de las fauces. Estuve en la escuela y nunca aprendí nada, cuando no fuera el color de las montañas, el nombre exacto de esos ríos que no veré nunca. Se acabó la fiesta.Y sigo golpeando a la piñata, los ojos vendados,alentado sólo por el gozo de algunos amigos imprevistos.
Canto XII Amé siempre esta colina, y el cerco que me impide ver más allá del horizonte. Mirando a lo lejos los espacios ilimitados, los sobrehumanos silencios y su profunda quietud, me encuentro con mis pensamientos, y mi corazón no se asusta. Escucho los silbidos del viento sobre los campos, y en medio del infinito silencio tanteo mi voz: me subyuga lo eterno, las estaciones muertas, la realidad presente y todos sus sonidos. Así, a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento: y naufrago dulcemente en este mar.