domingo, julio 15, 2018

¡Escritura para todos!

Tiré esta botella al mar con un mensaje muy importante para mí y si mi teoría resulta cierta, también para superar la pobreza y la falta de seguridad en sí mismo de muchos habitantes de este país. Se la mandé a la Señora Müller y no al presidente electo porque sé que ambos tienen mucho trabajo y la revisión de muchas propuestas. Pero a ella me une la poesía y es por eso que se la mandé a ella. ES un método muy sencillo de implementar de bajo costo y alto impacto. Por favor, si has sido practicante de este método y das fe de cuánto fortalece a la formación de estructuras de pensamiento autónomo practicar la escritura de las ideas que se generan en cada individuo, por favor, comparte. Ayúdame a aumentar la posibilidad de que sea leído por alguien del nuevo gobierno que pueda implementarlo a nivel oficial en las escuelas primarias, casas de cultura y otras instituciones de gobierno. De antemano muchas gracias. Estremecedor ver hombres y mujeres ya en relaciones de poder y no en relaciones de dominio. El deseo mueve montañas. Por mi parte emprenderé con nuevos bríos mi campaña ¡Escritura para todos! que las instituciones anteriores tanto despreciaron. En este gobierno alguien me va a oír y va a entender la importancia de la escritura del pensamiento en la construcción de prácticas autónomas de vida. Y la sencillez con la que se puede lograr este proyecto. No es cuestión de dinero, es cuestión de organización, capacitación y ejecución. Sin apoyo institucional, yo solita he logrado tanto, con apoyo institucional esto agregaría un poder extraordinario a la nación de pensadores autónomos y trabajadores conscientes que queremos hacer. Una nación de pensadores autónomos. Lo demás lo logra la fuerza del propio escribiente que al verse a sí mismo, al escucharse y ser escuchado en su palabra, renueva la construcción de sí mismo. Leescribir ¡Escritura para todos!

martes, febrero 06, 2018

MECANISMOS

Los números en el rectángulo de vidrio pasan lentos. Muriel está nerviosa. Sabe que después de  estar con Gregorio, debe hacerse el análisis. Que donde hay sexo sin protección, hay posibilidad  de contagio. No encuentra explicación a esa grosería de no responder llamadas. 

Llega a su coche que la espera paciente, se tira sobre el volante y llora. Es insoportable no  recibir respuesta. Un monstruo se retuerce en sus entrañas y aúlla. Es la rabia, la incertidumbre, la  desesperación de no saber por qué no le quiere contestar. Le da vuelta a la llave y hunde el acelerador como si eso la alejara de sí misma. Toda la tarde se la pasa mirando el techo. El teléfono está callado pero por fin los mensajes en el watsapp se suceden los días siguientes. 

“Acabo de mandarte por mensajería una pequeña pieza de artesanía que hice para ti. Es  para agradecer tu beso y que hayas compartido conmigo una cosa tan personal como tus recuerdos de infancia. Es un corazón de vidrio sobre cama de zirconias, terciopelo y flores de lavanda de mi jardín. Espero que te agrade”. 

“Gracias por lo que me mandaste, muy lindo. Te mando un gran abrazo”. 

“¿Tu celular está bloqueado? ¿no quieres hablar conmigo? Has sido tan esquivo que no acabo de entender la situación. 

PD. encontré el corazón que te mandé frente a tu balcón, es de cristal. Hay que ponerlo a buen resguardo para que no se rompa de nuevo en pedazos.”. 

“Sí, lo olvidé afuera pero ya lo recogí. Abrazos”. 

“Estoy inmensamente triste. ¿Cómo iba a saber que de tu tacto tan gentil y amoroso habría de generarse tanto dolor? El mar ha hecho nido en mis pecho, soy agua. Cuando me miraste, me estremecí por dentro, como la fronda sacudida por un viento vivo. Así me viste cuando temblando llegué a ti. Moría de miedo y por eso me resistí tanto. Me resistí pero me doblegué. Me tocaste suavemente, me besaste en esa enredadera de luz en medio de la noche y me envolviste en tus brazos y me escondiste del mundo. Muchas mujeres sueñan encontrar un trato como el que me diste. Entonces sucedió lo que tanto miedo tenía: mi armadura cayó y quedé desnuda y con la piel en carne viva”. 

“Te mando un abrazo”. 

“No tengo ni la menor idea de qué manera me querías o para qué. Pero también espero haberte dado algo, aunque sea un pequeño grano de arena que puedas amar, como yo amaré el instante que me diste para amarte. No debo llorar. Tu nombre se quedará guardado en mi corazón”. 

“Te mando un abrazo grande querida Muriel”. 

“Todas las formas agoté y el mar sigue rompiéndose por dentro contra mi piel. Es tu oído al que hablo pero no es tu boca la que contesta. Me duele el pecho. ¿Será que no existes? ¿o será que no existo yo?”. 

“Eres muy creativa. Éxitos. Te mando un abrazo”. 

sábado, febrero 03, 2018

ENVIDIA


Minerva, la mayor, era preciosa. Rubia, ojos azules, pestañas grandes, rizadas, sonrisa de muñecha. No tenía que hacer nada para ser adorada. A los tres años estaba segura de ser la reina del mundo, lo expresan la cantidad de fotos, abriendo los ojos, cerrándolos, entrecerrándolos, mirando a la distancia. Las tías solteras peleaban por llevarla a su casa. Pero cuando nació Silvia tuvo la más horrible de las muertes: La de sí misma.

Ahí está, bailando en la mitad de la habitación con sus zapatillas de ballet y su tutú rosa y al final de un grand jeté, su languidez, acostumbrada a caer en una multitud de mullidos y maternales brazos, cayó de sopetón al gran vacío. No pudo hacer nada para ignorarlo: las miradas ya no la seguían, sino que iban hacia la cuna, que con más experiencia y menos euforia, Antonia, su madre había bordado con esmero.

Con los huesos aflojados el segundo parto de Antonia, dolió menos y la epifanía del alumbramiento la condenó a la certeza que llevaría a la tumba: su hija Silvia fue el único amor de su vida y ella lo supo capitalizar como si antes de nacer supiera las trampas de que se vale la vida para imponerse. Silvia contaba sin pudor que en otra vida ella y su madre habían sido amantes y Minerva su hermana fue el tercero en discordia, un ser azotado por los celos, el esposo ofendido. Lo primero que la niña vio al nacer fue esa mirada que permaneció fija en ella durante toda su vida. Los ojos de Antonia no brillaron nunca de, mismo modo al ver a un hombre.

Antonia se enamoró de Silvia y Silvia se enamoró de Silvia. Se convirtió en una hermosa morena apiñonada de enormes ojos negros y pestañas tupidas que casi se enroscaban en los párpados. Supo moverlas con tanta gracia que propios y extraños se olvidaban de la enfurruñada niña rubia de grandes trenzas doradas que empezó a salir con gesto adusto en las fotos. La morena creció con dos miradas, una modesta, amorosa para la madre y otra entrecerrada para gruñirle a la rubia que perdía gracia al volverse remilgona y berrinchuda. A veces Antonia tenía que esconder su entusiasmo por Silvia para evitar que la muñeca de Minerva muriera descuartizada, víctima de su rabia. Aprendió a mirar de reojo, a sopesar los juguetes que les daban para medir si el suyo era el más grande. Silvia aseguró su imperio rasguñando a escondidas a Minerva, y llenándola de besos, amorosa, cuando alguien la veía. Nadie se explicaba por qué la hermana mayor podía no amar a esa preciosidad.

En segundo de prepa Minerva se rompió un tobillo y perdió el año escolar así que cursaron el siguiente año en el mismo grupo. La noche del baile de graduación el cuarto era una desastre, toallas mojadas por aquí, tubos de rizarse el pelo por allá. Lápices labiales, rímel, polvo de maquillarse, giraban en un tornado en cuyo estático centro se levantaba majestuoso el espejo. Los vuelos de la falda celeste de Minerva se entrelazaba con el aire a cada paso, del vestido rojo de Silvia parecían surgir llamas. Ambas estaban guapísimas. Ya sólo faltaba el abrigo y la bendición de mamá.

A grandes zancadas con las piernas alargadas por los tacones Minerva se acercó al ropero de su madre en que guardaba preciado abrigo blanco que le había traído papá cuando viajó a París. Pero Silvia ya estaba ahí, con la prenda en la mano. Un zarpazo dibujó heridas en el aire y las garras se cruzaron como espadas para ganar por la fuerza lo que cada una pensaba que le pertenecía. Como salida de la nada la madre apareció entre ellas tratando de calmar las cosas, pero ambas adolescentes estaban ciegas de rabia, una sólo existía en la otra y el abrigo era la presa que colgaba entre jaloneos descomunales. La madre se había hecho con otra parte del abrigo en su inútil esfuerzo por detener tal desmesura.

A un tiempo ambas soltaron la prenda: trágatelo si quieres, gritó una. Métetelo por el culo, gritó la otra. Y sus gritos se encimaron como preludio al estruendo que la mesita de centro causó al romper la nuca de Antonia. La lámpara cayó haciendo añicos el foco y su luz.

El silencio y la quietud absoluta precedieron al caos. Paralizadas se miraron con ojos desorbitados por el terror y se echaron sobre el cuerpo exangüe que yacía entre las astillas de la mesa rota. ¡Mamá, mamita! No hay respuesta, ningún movimiento, ningún resuello se desprende del cuerpo tumbado en el suelo. La mataste. No, tú la mataste.

El tiempo se desliza entre el silencio que en la sala germina, una luz tenue dibuja apenas los perfiles de los muebles que se alzan como testigos del trágico desenlace. Entre suaves sollozos Minerva levanta el brazo izquierdo de la madre y se acurruca a su lado, Silvia se acomoda también en posición fetal cobijada por el brazo derecho del tibio cadáver que las abraza.

La mano de Silvia busca la mano de Minerva y sobre el vientre de Antonia se entrelazan. El ruido
del refrigerador ocupa el aire apacible de la casa a oscuras.

lunes, enero 29, 2018

TEMPORADA DE TRUFAS


Lorena cosecha los momentos en que la voz varonil de su hombre se suaviza y se mezclan de manera tan deliciosa el poder y la súplica como si se tratara de una carísima trufa. Muy al principio así era la voz de Horacio. Ahora tiene que estar siempre concentrada para distinguirla  en el humus negrísimo de su rudeza. Lleva a cabo la recolección de esos momentos para saborearlos después en pequeñísimas rebanadas casi tan delgadas como el aire. La conservación  de su frescura es un reto. Atesora en la memoria ese sabor a tierra mojada, la tersura que raya entre lo vegetal y lo mineral, la ternura que se deshace en la boca. Al tocar su paladar hay como  una revelación. Esa voz que entra en su oído y en los poros de su piel, que la arropa y abre las papilas de sus brazos, la ha hecho más adicta que cualquier otro vicio. Más que las trufas, o el vino tinto. 

En la primera cita Horacio comenzó por apagar sus celulares y le puso toda la atención. Los días transcurrieron y Lorena seguía sintiéndose entre nubes. Aunque en la semana no le llamó, un buen día lo hizo. La invitaba a cenar. Lorena sin pensarlo aceptó. El restaurante cerrado fue impresionante. No estaba acostumbrada a tan contundente expresión de poder. Cada tiempo estaba diseñado en maridaje, más el digestivo que no fue el último porque el chef, excesivamente solícito, había sacado su whisky de 18 años. Se habían besado una y otra vez: la boca, las mejillas, las orejas, el cuello. Debía estar un poco ebria, pero no sólo de alcohol. Le propuso ir a un hotel y ella aceptó. 

Las luces de la ciudad parecían floraciones de oro sobre un fondo de terciopelo negro. Se me antoja tomar un baño, dijo Horacio, Lorena preparó la tina y se metieron juntos. Agregaron sales con esencias de hierbas de la Provenza y, copa en mano, Lorena le contó cosas que no le había dicho a nadie. Reían. Hablaban, se miraban entre copos de espuma. Era todo perfecto. Estuvieron juntos un tiempo; aunque no era muy buen amante, tenía una eficaz forma de seducirla, haciéndola sentir una diosa en momentos, mientras en otros la trataba como esclava. Ahora están en la sala. El IPod obedece a los dedos de Horacio pero en un momento él parece quedarse dormido y empieza a sonar Tenderly, en la voz de Ella Fitzgerald, una de las canciones favoritas de Lorena. Su cuerpo comenzó a moverse en el espacio libre que quedaba entre el sillón individual y aquel en el que estaba tirado Horacio. Lorena empujó el sillón con fuerza para crearse espacio y pensándose sola, se puso a bailar en el centro como cuando era niña. Su vestido negro le entalla bien. El escote cuadrado con las esquinas redondeadas enmarcan sus senos ni pequeños ni grandes y destacan su delgado y largo cuello; las mangas tres cuartos delinean los brazos que se extienden y siguen el ritmo de sus caderas. La trompeta de Louis Amstrong lleva la melodía mientras el ritmo se sostiene en el movimiento de sus caderas que oscilan lentas. Sus manos parecen tocar las flores de luz que reverberan abajo en la ciudad. Ahora es una anémona en cuya transparencia baila la transparencia. Un delfín en cuyos giros se sostiene el eje de la galaxia. Ahí está, danzando en el nirvana. La gracia de sus movimientos y la sensualidad que mezcla con la elegancia natural de su alargado cuerpo felino, ha alertado a Horacio que la mira con los ojos entrecerrados, sin hacer ni el menor movimiento. Las palabras en la voz de  Fitzgerald parecen quedar una fracción de instante rondando los oídos de la mujer que las traduce en su memoria: No puedo olvidar cómo dos corazones se reunieron sin aliento: Tus brazos de abrieron y me encerraron adentro. El silencio deja a Lorena en una graciosa pose de estatua hindú en el templo de los mil placeres.

Se disponía a sentarse cuando le pide que se vaya quitando la ropa. Cuando queda completamente desnuda, Horacio se sirve más whisky, baja la intensidad de la Luz, se sienta en el mullido sillón y le pide a Lorena que se siente en el suelo, frente a él: –Házmelo–, le pide con esa voz que mezcla el poder y la súplica. Lorena obedeció con infinita paciencia, porque aquello no respondía.

–Vamos a la cama. Totalmente desnuda bajó de sus tacones y lo sigue al cuarto. Ahí, Horacio vuelve a pedir que lo haga pero Lorena está cansada: 
–Me voy a dormir a la sala-. Él reacciona, imperioso. –Quédate. Lorena se tiende a su lado pensando que dejará que se duerma para salir furtivamente; no quiere alterarlo. Al hacer el intento, Horacio reacciona casi como hablando en sueños: –Quiero pegarte–. En el momento le sorprendió, pensó que era un desvarío de borracho: ¡Qué? La primera bofetada fue casi suave, tímida. Ahora sí está completamente despierto.
–¿Te dolió?
–¡Ay!-… Acababa de soltar su queja cuando sintió la segunda. La dejó un poco sorda  pues había golpeado parte de la oreja. Los dos están ya hincados sobre la cama. Ahora tiene el entrecejo fruncido, y unas líneas en la frente revelan su dolor.
–No eres buena ni para eso–. Bajó la cabeza, las lágrimas le corren hasta la barbilla. 

Ahora está más desnuda que en la salita. Los golpes son cada vez más fuertes y Lorena, con la mano derecha toma la izquierda de Horacio que ya viene directa a su mejilla, había arremetido con fuerza esperando estamparse rotundamente en el bello rostro. Los dos se empujan como la luz a la sombra; y por un momento se dibuja en el aire el círculo del ying-yang. Una mano de ella  logró zafarse y asestó una estruendosa cachetada en el rostro de él. La bestia femenina lanza una patada contra la bestia masculina. Ella es ágil, atrapa el muslo enredándose en él, como sí se tratara de una boa constrictor: La rabia contra la rabia. El dolor contra el dolor. La impotencia contra la impotencia. Cuando alguno de los miembros se libera, el contrincante lo atrapa. Brazos y piernas sujetándose, intentando hacer más daño del que reciben. Al principio sólo quería detenerlo, parar el dolor; ahora también quiere lastimar. La pálida luz que entra por la ventana dibuja los nudos que forman; visto de afuera parece un fresco de lucha grecorromana. Dos serpientes dominándose en violentas espirales. De pronto dejan de ser bestias para mutar en esculturas que representan. La última batalla se libró en los ojos. Con la mirada Lorena le dijo: «Tu poder sobre mí sólo duró lo que mi deseo por ti». Delicados tatuajes imaginarios cubren su piel como una acuarela que, sólo por la maculatura casi imperceptible de cada una de las capas muy diluidas, muestran el palimpsesto de su vida. Los cuerpos de ambos se van desguanzando hasta que los ronquidos de Horacio suenan en la noche, mientras se escucha muy firme la voz de Lorena mientras se viste: 

-¡Trufa ni qué la chingada! ¡Aquí ya no hay trufas!




miércoles, enero 24, 2018

ROLES

Ver el hermoso rostro de mi madre entre nubes de vapor mientras cantaba al planchar quizá fue una de las razones por las que me empeñé, desde muy temprana edad a que me enseñara a planchar. Pero ni siquiera aguantas la plancha, me decía. Era verdad. En ese entonces aún se usaba plancha de hierro y se calentaba en las brazas del anafre, para agarrarla había que tomar un lienzo de algodón doblado repetidamente y también había que poner un lienzo mojado por encima de la prenda que se planchaba. Mi madre le llamaba resistidor. Ciertamente pesaba demasiado. Mis brazos escualidos no la aguantarían.

Pasó mucho tiempo para que me dejara tomar la plancha y ya no era la de hierro sino una eléctrica, pues ya había llegado la electricidad al pueblo. Mi afición por planchar me ha llevado siempre a la vanguardia. Cuando salieron las primeras planchas de vapor yo estaba en primera fila, luego salió ese vapor sólo sin plancha, se cuelga la prenda y así se le esparce el vapor para desaparecer las arrugas. Pero ese método no me gusta. Me gusta la sensación de pasar la plancha por la tela y como por encanto ir desapareciendo las arrugas al tiempo que aparece una prenda, nueva, limpia, viva. 

Fue por aquel tiempo que mi padre decidió que ya tenía suficiente edad para acompañarlo a los viajes en su camión de volteo en los que iba al monte por grava roja. Pasábamos horas cargando a paletadas el camión y me fui haciendo más fuerte, un hombre hecho y derecho, como se dice por ahí.

Salí del pueblo, estudié una carrera, me casé, tuve dos hijos y cada jueves en la noche, mientras mi mujer cocina, plancho la ropa de la familia mientras canto las canciones antiguas que cantaba mi madre. 




martes, enero 23, 2018

FLONNY Y LA YEGUA MÁGICA

Era muy pequeño Flonny cuando perdió a sus padres. Ni siquiera lo recuerda. Sólo recuerda el día que decidió que iba a ser el chico más rudo que hubiera en la comarca. El más fuerte. Nadie le iba a pegar, nadie lo iba a compadecer, nadie notaría cuánta tristeza llevaba por dentro. Así que guardó su corazón bajo siete arcas y tiró las llaves al río.

Ahora, siendo un granjero exitoso no podía mostrar sus sentimientos, vaya, ni si quiera al espejo. ¿Cómo iba a vender el trigo al mejor precio si se ablandaba? ¿Cómo iba a hacer trabajar a los peones si les tenía compasión? Ni el mismo Flonny conocía el corazón de Flonny. 

Una tarde, a la hora a la que los Irlandeses le llaman la temprana noche, cuando el sol ya se ha ocultado pero aún queda su luz, llegó un anciano a su puerta. No tenía dónde dormir y le agradecería mucho que lo dejara pernoctar en el pajar. Flonny aceptó, no perdía nada y la verdad hacía mucho frío y no eran horas de que un anciano anduviera en los montes congelándose los huesos. 

A la mañana siguiente cuando Flonny disfrutaba de su primer café, el anciano se acercó al porche con una yegua blanca caminando detrás de él. 

—Soy un mago, has sido una persona bondadosa y me has dejado entrar. Sé que encerraste tu corazón y has perdido la llave, pero hasta para ser fuerte y sobre todo para eso, se necesita saber qué es lo que guarda tu corazón. Por eso quiero regalarte esta yegua. Cambia de color según tu estado de ánimo. Si la ves azul es mejor que te prepares una sopa caliente y te apapaches un poco porque la tristeza sólo se cura con amor propio. Si la ves roja, por ningún motivo tomes la pistola y si la ves naranja es el mejor día para ir de día de campo, pues estarás muy alegre. 

Flonny se lo agradeció profundamente sin creerlo del todo pero al pasar de los días fue comprobando que era verdad. La yegua era como un termómetro de su estado de ánimo. 

Un día llegó una mozuela a pedir trabajo en la granja, era huérfana como él y necesitaba un lugar dónde dormir y un trabajo para ganarse la comida. La yegua entonces comenzó a mostrar toda la gama tonal que conocía, azul cuando la mozuela iba al pueblo y Flonny no la veía en varios días, naranja el día que la acompañaba al río a lavar y comían en la orilla después de terminar el trabajo, rosa cuando la veía planchar y doblar su ropa. 


Un buen día Flonny salió al porche por la mañana y vio a su yegua bajo el álamo del fondo: Refulgía toda dorada con tonos que nunca le había visto. Ese día supo que se casaría con la mozuela, la yegua mágica había ablandado  al fin de la dureza de su corazón. 

lunes, enero 22, 2018

SUPREMO DESEO

Ademas de un símbolo de inteligencia, ganar es para Hermenegilda, una necesidad vital. Sacar provecho, conseguir más de lo que iban a darle es la meta de cada uno de sus actos. Por eso, cuando el genio que salió de la lámpara dijo, te concedo un deseo, Herme se deshizo en reclamos primero y en súplicas después.

—Todo genio que se respete ofrece tres deseos, ¿por qué sólo uno? 
—Eso de los tres deseos sólo ocurre en los cuentos y es para sostener la narración contando de qué se trata cada uno.
—¿Eh?—, contestó Herme sin entender.
—Nada, nada, o eliges tu deseo o te quedas sin nada. 

Herme caviló largo tiempo como siempre lo hace dando vueltas hasta acomodar las palabras de tal modo que la negociación resulte con creces a su favor. A punto de perder la paciencia, el genio estaba por ceder los otros dos deseos cuando la marrullera cara de Hermerejilda se iluminó sabiéndose ganadora. 

—Ya te chingué mi querido genio. Mi único deseo es que se cumpla cada uno de mis deseos hasta el último día de mi vida. 

Con un enigmático gesto de regocijo, el genio extendió su dedo en el aire, dijo, concedido y desapareció dejando tras de sí una monumental carcajada. 

Hermeregilda estaba encantada. Al principio, por supuesto, se concedió todos los deseos que la gula le producía: pastel de mantequilla de almendra y triple chocolate. Filetes envueltos en tocino, papas fritas, palomitas de caramelo. En fin. Luego de unos años se dio cuenta que recibir todo así en seco no era tan divertido pues no tenía la gracia de sentir que les ganaba a los demás, que era más chingona. Así que discurrió en su deseo pedir que todos y cada uno de los que la rodeaban, familiares, amigos, amantes, se dedicaran ex profeso a cumplir sus caprichos más allá de las propias necesidades que tuviera cada uno de ellos. Esto la hizo más feliz, por un tiempo. La silla más cómoda en el comedor se desocupaba como por encanto en el momento que ella lo decidía. El sofá junto a la chimenea estaba a su disposición. En el carruaje el lugar junto a la puerta era el suyo y lavar los trastes o preparar la comida era cosa del pasado. 

Del mismo modo, en el amor, todo el acto se trataba de complacerla y el amante en turno era desaparecido mágicamente cuando ya no tenía ningún truco que ofrecer a su lujuria. 

Hermerejilda tenía que hacer cada vez menos. Ya no tenía que ir a los campos a cosechar, ni fregar el piso ni planchar la ropa. Cada vez era más innecesario moverse. Sólo tenía que estirar la mano desde la cama para que alguno de los que estaban por ahí fueran a masajear sus pies o a lavar con esponjas su cuerpo, cada vez más apoltronado. 

Todos y cada uno de los deseos se fueron cumpliendo, incluso el de morir pues ya para la mujer la existencia se había convertido en una interminable sucesión de hastío puesto uno encima de otro. Hastío sobre hastío. Pero quiso verse al espejo un momento antes de morir y fue entonces que se dio cuenta que, por no usarlos, cada uno de sus miembros se había ido atrofiado, los dedos habían desaparecido, los brazos y piernas se habían hundido cada vez más en ese lago de grasa envuelto en piel que descansaba sobre la cama como un odre a punto de reventar. 


Lo último que vio en el espejo al lado izquierdo de su cama fue al genio que sonría. 

viernes, enero 19, 2018

BOCATTO DI CARDINALE

Poner un pie adentro de esa casa era suficiente para obtener la satisfacción de cada deseo que pudiera surgir en el visitante antes de que él mismo supiera que lo tenía. Ante los ojos de Ernesto, no bien cruzar el umbral de la puerta se levantó magnífica, una pintura al óleo sobre la chimenea que representaba a las dos hermosas mujeres que la habitaban.  

Con el inmenso pecho ocupando tres cuartas partes del cuadro, los profundos ojos negros de Petronia horadaban los ojos del espectador, atrapándolos en un par de torbellinos insondables. 

En la composición Clotilde seguía en importancia ocupando la parte izquierda del cuadro con uno de los brazos extendidos arriba señalando el infinito y el derecho abrazaba a Petronia. Sentadas en sendos sillones, acariciaban con los pies a un bulto informe que, echado en mullidos cojines de terciopelo calzaba a ambas hermanas con zapatillas de plata. 

Ernesto no pudo evitar darse cuenta de la extraordinaria belleza de las dos mujeres y en la oscuridad de su inconsciente se guardaron como un ente de seis brazos y cuatro senos que prometían nutrir cada uno de sus deseos, aún los más inocentes. 

La noche comenzó con un aroma surgido de la cocina: tocino y ajo trenzado se deslizaba en sensual recorrido hasta penetrar los orificios nasales de Ernesto que había dejado de comer cerdo hacia años por motivos espirituales, (el cerdo es una sabandija que se arrastra en el lodo y come todo tipo de porquerías, una vibración muy baja en el registro espiritual al que aspiraba a llegar Ernesto). Esta noche sin embargo comería cerdo, claro que lo comería, ¿cómo decirle que no a estas deidades del placer? 

Ninguna de las dos probó bocado y noche tras noche así sucedió. Para él, pasteles y bocadillos con intrincados maridajes, licores de almendra, agua de azahar o vino del Rhin. Ellas se ocupaban en llenar el ambiente con sus risas y cantos pero no se distraían en comer. 

Al llegar la noche del cuarto día, Ernesto fue despertado por un ruido de trastes volcados y cristales rotos. Bajó corriendo a la cocina sólo para ver flotar pequeñas bolas negras por las que ambas mujeres peleaban rabiosamente dejando en el aire surcos de sangre que trazaban un camino desde las uñas de una a la piel de la otra. Las esferas negras desaparecían devoradas por una o por la otra hasta que ni una bola escapó de  ser tragada. Momentos después ambas mujeres cayeron en letargo sobre los cojines, en el piso del centro de la sala. 

A la mañana siguiente Ernesto no percibió olor en la cocina ni los cantos de Petronia, ni los arrumacos de Clotilde. Conforme las horas fueron pasando sintió cada vez más hambre y angustia. Al llegar la noche no soportó más y, viendo la casa sola pensó en ir a buscar alguna taberna al pueblo donde pudiera comer algo y buscar los mimos de alguna cortesana pues le hacían falta como si fuera oxígeno, quizá aún más que la propia comida. Pero la puerta de la casa estaba cerrada y regresó a su cuarto con el pecho oprimido. 
Una semana después, muerto de hambre y de necesidad oyó que se acercaban por el pasillo las voces otra vez primaverales de las hermanas y su corazón por un momento se llenó de gozo. Traían en una bandeja, viandas de aspecto exquisito, racimos de uvas, fiambres especiados, pan recién hecho. Y se sentaron a mostrar esta abundancia frente a la puerta cerrada sin darle una migaja, así día tras día hasta que Ernesto empezó a sentir que perdía la lucidez. ¿Qué hice para que dejaran de quererme? ¿Qué hice mal? ¿Qué quieren que haga? 

Desde su estómago y por su pecho sintió que la oscuridad se iba haciendo cada vez más densa. Un veneno negro espesaba su sangre hasta que le subió por la garganta y de su boca abierta en una última bocanada comenzaron a salir unas esferas negras que flotaron en el aire hasta llenar de nuevo la casa. 


Lo último que Ernesto escuchó antes de morir, fue la campanilla de la entrada que anunciaba a un nuevo visitante. 

sábado, marzo 31, 2012

Ah, cómo me gustaría quedarme aquí,
escribiendo.

Hasta que amanezca,
una y otra vez.
Una
Y otra vez.

Hasta que amanezca, siempre.

lunes, agosto 01, 2011

ETERNIDAD


Piensas en mí pensando en ti
mientras pienso en ti pensando en mí.

Uno metido en el otro
sucesivamente
como una matrushka
lanzada al infinito.

martes, junio 21, 2011

Grafías inconfundibles de la presencia humana


Con el mismo principio de la gráfica de obtener originales múltiples a partir de una matriz, las ciudades están construidas por casas multiplicadas a partir de un modelo estándar que cuenta básicamente con sala, comedor, cocina y recámara. Los edificios están hechos con éstas casas y las ciudades con esos edificios. Lo que de lejos se ve simplemente como un cuadro, es en realidad un espacio habitado; un lugar donde se desarrolla una vida. Esa es una de las reflexiones con que Mónica Muñoz se adentra en su proyecto de gráfica: Urbanitas. Cuando vemos la repetición de esos moldes ad infinitum, no podemos dejar de pensar en que el efecto visual que se percibe es parecido al de jaulas apiladas para transportar animales o en las figuras que se aprecian en una metástasis. Los dibujos que se producen a partir de estas construcciones son producto de la domesticación de los seres humanos y una consecuencia de su ser sedentario. Las ciudades se presentan entonces como «parques humanos»[1] o como zoológicos como una evidencia visual de esa domesticación. Para que el ser humano se volviera sedentario, fue necesario que hiciera de su casa una especie de ancla o lastre (una o ambas) y con la construcción de la casa comenzó la historia de su amansamiento. Y desde entonces, aún en los paseos en el exterior lleva su «casa a cuestas»[2].

Adentrándose en la reflexión, Mónica Muñoz se asoma a la huella que los seres humanos dejan sobre el planeta de los que resultan grafías inconfundibles de la presencia humana que pueden apreciarse desde el espacio con cámaras fotográficas de mediana o mayor resolución. Desde los dibujos que producen las parcelas en los sembradíos, hasta las caprichosas geometrías de las ciudades nocturnas acentuadas con el sistema de alumbrado.

En sus grabados, aún cuando cite espacios que desde hace algunos años remiten inmediatamente a la idea del no-lugar[3], Mónica Muñoz va más allá de esas referencias para enfocarse en el dibujo que, al vivir, los seres humanos van dejando sobre el planeta. Pero a Mónica no le interesa sólo el dibujo como un efecto visual. Le interesa lo que cada cuadrito, cada mancha, cada punto representa en el cuadro. El dibujo como un índice de la vida.

Una de las preocupaciones de Mónica es la soledad de las masas que tan bien retratan películas como Tiempos modernos, de Chaplin o Metrópolis Fritz Lang. El lugar común con ellas es la repetición de moldes como representación de la despersonalización y la soledad.

Su propuesta resalta dos gestos: por un lado la repetición, y por otro la huella que deja como resultado esa repetición. Su formación como grabadora la lleva a la gráfica, pero es notorio que su obra no se queda en la bidimensionalidad pues ésta ya no le alcanza. Sin abandonar el tórculo ni la tinta, realiza sus impresiones pensando en llevarlas a la tridimensionalidad y presentarlas como instalaciones.

Mónica Muñoz es una de las propuesta de instalación gráfica más interesantes que hay en este momento en Puebla y sus exploraciones apuntan en varías direcciones sugestivas con una coherencia propia de la investigación.

Urbanitas abrirá el 30 de Junio a las 7 de la noche en el Museo Taller de Grabado Erasto Cortés (MUTEC) 7 Oriente No. 4. Col. Centro Puebla, Puebla. 72000

Raquel Olvera, miércoles 8 de junio de 2011


[1] Sloterdijk Peter, Normas para el parque humano, Una respuesta a la 'Carta sobre el humanismo' de Heidegger; Madrid, 2003

[2] ídem

[3] "Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un [no lugar]." Sobremodernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana. Marc Augé.

martes, mayo 31, 2011

Artículo publicado en Catedral, Suplemento Cultural de Síntesis

“Proyecto de Re-utilización de vehículos obsoletos después de la extinción del petróleo”

Como todo buen visionario, Máximo González por el futuro ya pasó hace mucho. Así accede a una perspectiva que le permite hacerse preguntas sobre cómo nos acoplaremos a lo que aún no sucede pero ya está anunciado; y desde ahí propone todo un proyecto de re-utilización de los artefactos que pronto serán descontinuados por el inminente fin de la era del petróleo. Un barco de pasajeros, un camión de transportar soldados, una casa rodante, una barcaza de carga, un misil, una camioneta, cascos de soldados, granadas de mano… ¿Para qué servirá todo esto cuando no exista más el petróleo? Máximo González sabe que la vida cobra terreno, y que tarde o temprano a esos cascarones inútiles regresará en los vegetales que se instalarán en sus huecos. Pero su naturaleza de artista le sugiere que este paso puede hacerse de manera controlada, buscando belleza en su recuperación.

A la manera de un arquitecto, realiza su “Proyecto para la re-utilización de vehículos obsoletos después de la extinción del petróleo” en planos de construcción con dibujo directo en lápiz y acuarelas. Lo que es orgánico, está dibujado y coloreado. Lo que es materia inerme, está trazado en líneas. Las anotaciones en la parte inferior describen el artefacto del que se trata y la planta que se propone: Una plantación de limones sobre la proa de un barco de pasajeros, nopales en una barcaza, verduras, chile, maguey, tomate en diferentes receptáculos inermes. En el centro de la sala, una escultura muestra de manera tridimensional lo que en los dibujos se propone, para que el gobierno del año 2040 se de una idea de qué hacer con los resabios de la guerra. En esta ironía se vislumbra una esperanza que se sabe ingenua. ¿Los gobiernos del mundo al fin de la era del petróleo sacrificarán sus ambiciones para hacer surgir de las entrañas de la guerra las flores y la fruta que el mundo necesita? Máximo González es un artista irónico, sabe que no. Pero deja esta pregunta en el aire para que la contesten aquellos que tienen el deber de contestarla.

Raquel Olvera

México, DF. Miércoles, 17 de enero de 2007



Fichas técnicas:

01.tif (imágen modificada a tamaño portada)

Nopales y Agave en Smart

Pintura y dibujo, 115 x 85 cm, 2008.

02.tif

Cerezo en Furgoneta Citröen modelo 1960

Pintura y dibujo, 75 x 57 cm, 2007

03.tif

Nogal en Porsche

Pintura y dibujo, 140 x 145 cm, 2007

04.tif

Zapallo en Citroën C8 modelo 1970

Pintura y dibujo, 200 x 40 cm, 2007

05.tif

Durazno en flor en camión -volteo Chevrolet modelo 1994

Pintura y dibujo, 140 x 110 cm, 2007

06.tif

Limoneros y girasoles en Pickup

Pintura y dibujo, 115 x 85 cm, 2007

07.tif

Litchi en Tractor

Pintura y dibujo, 75 x 57 cm, 2007



viernes, abril 01, 2011

HELIO HUESCA[1]: “PUEBLA” ES MUCHAS PUEBLAS, Y “EL POBLANO” SOMOS MUCHOS POBLANOS.

LO QUE SE LOGRA CUANDO UN AUTOR CON OBRA PROPIA DE PROBADA SOLIDEZ Y CAPACIDAD PARA LA COMPOSICIÓN, LA GESTIÓN Y LA PROMOCIÓN AL MISMO TIEMPO, OCUPA UN PUESTO QUE LE PERMITE REALIZAR PROYECTOS DE IMPORTANCIA CAPITAL PARA EL ESTADO DE PUEBLA

“Puebla” es muchas pueblas, y “El poblano” somos muchos poblanos. No somos sólo talavera, onix, mole y ferias de pueblo, pero también somos talavera, onix, mole y ferias de pueblo; además de poesía contemporánea, arte conceptual, música sinfónica y muchas cosas más. Paradójicamente, valorar la diversidad fortalece la unidad porque reconocer la realidad es la única manera de enriquecerla.

Uno de los proyectos de calidad que habla con hechos de reconocer y valorar dicha diversidad, es el acervo musical que en la administración pasada llevó a cabo la Secretaría de Cultura a través de la Dirección de Música dirigida por el maestro Helio Huesca. Conocerla a sido una gran sorpresa y una gran alegría. Sorpresa, porque si estoy bien informada, nunca, en la historia de la cultura y de la música en particular del Estado de Puebla, había habido un trabajo tan prolijo de investigación, recopilación y estímulo para esta área. Y alegría, porque en esta extra-ordinaria colección están recogidas anécdotas, composiciones, sonidos, biografías que, de otra manera, se habrían hundido en las oscuras aguas del olvido.

¿Quién se habría podido imaginar por ejemplo, que Mi gusto es, esa canción que la gran mayoría de los mexicanos hemos cantado, pertenece a Samuel M. Lozano nacido en el Estado de Morelos, pero que vivió y murió en Puebla y que es reconocido poblano? El mismo que compuso canciones como La rielera, o Marieta, y muchas otras más. Pero así como en el disco de Samuelito, como se le conoce cariñosamente, esta colección recoge las composiciones musicales o las investigaciones de múltiples autores, interpretes, investigadores que entregaron su vida y toda su pasión; y más, la siguen entregando. Porque si bien el esfuerzo de registrar el pasado es notorio en esta colección, el esfuerzo por estimular el presente y generar futuro es verdaderamente loable.

En las diferentes colecciones como la Serie: Compositores Poblanos (en donde se recogen desde autores prehispánicos, hasta autores actuales); la serie de Thomas Stanford o la serie OSEP, lo que salta a la vista es la acertada decisión de abrir varias líneas de investigación que marcan el camino para mostrar al mundo una sólida configuración musical y demuestran que la influencia que Puebla ha tenido en la música es tan contundente como en la historia y la cultura nacional.

En la colección Música Sinfónica de la serie Compositores Poblanos, hay tres volúmenes que vale la pena destacar: el 1, el 3 y el 21; todos interpretados por la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla OSEP[2]. En ellos se recoge una selección de autores entre los que se encuentra el propio Helio Huesca[3]. Es importante escucharlo por varios motivos, el primero y fundamental, para disfrutar de la música en sí, independientemente del autor y su biografía, el segundo para cerciorarnos de la calidad que ha logrado un autor poblano, y el tercero (aunque el lector encontrará varios más), para corroborar lo que se logra cuando un autor con obra sólida y con capacidad para la composición, la gestión y la promoción al mismo tiempo, ocupa un puesto que le permite realizar todos estos talentos.



[1] Helio Huesca, Puebla 1956. Realizó estudios en el Conservatorio y la Escuela de Música de la BUAP, la Lic. en psicología por la BUAP, con una tesis desarrollada en el ámbito de la etnomusicología, la Maestría en Letras de cuya tesis surgió el libro: La décima, poesía y música popular cantada en México. Es compositor y actual Director de Música, del recientemente Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla.

[2] La Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla, (OSEP), fue formada durante la administración de Helio Huesca.

[3] Volumen 1, (track 9) Incidental Suite 1er. Movimiento: Cantabile, versión piano y flauta, (y track 10): Incidental Suite 1er. Movimiento. Versión sinfónica. En el volumen (3 tracks 1, 2 y 3): Incidental Suite Cantábile con Moto, Allegro y Adagio; y en el volumen 21 (tracks 2, 3, 4, 5 y 6): Incidental Suite 2 El circo de la vida, Allegro vivace-adagio-allegro, Adagio melancólico, andante, allegro man non tropo; (tracks 12, 13 y 14) Incidental Suite 3: Pueblos, Ritual Toxacátl, Son corrido, Son huasteco y Son jarocho.

miércoles, marzo 09, 2011

Nan Goldin

La madre: Fundamento de la cultura

La madre: Fundamento de la cultura[1].

a Rosario Ibarra de Piedra

Cuentan que en un principio las características físicas de las mujeres y los hombres los fueron ubicando: al hombre en la caza y a la mujer en la casa. Fue entonces el trabajo el que diseñó la cultura humana. Siglos después, con la revolución industrial primero, la tecnológica y la científica después, el capital demanda enormes cantidades de fuerza de trabajo de tal forma que incorpora a las mujeres y a los niños. Nace entonces una jornada de trabajo que abarca a todo el mundo y en todo momento; lo que la hace interminable. Pero el espíritu de esta jornada es todavía la del guerrero, el cazador, el sacerdote, a pesar de que destruye los fundamentos de la civilización que la engendra. La competencia entre hombres y mujeres, hombres y hombres, mujeres y mujeres, por dirigir al mundo en esta dinámica, propician la reorganización de las estructuras humanas.

En la primera guerra mundial, la figura emblemática fue el soldado desconocido, pues fue él quien acumuló los sufrimientos al ser la lucha cuerpo a cuerpo; Pero con la segunda guerra mundial, y las sucesivas que algunos autores señalan ya como guerra civil mundial, surgieron avanzadas maquinarias de guerra, y el dolor fue penetrando más profundamente en los estratos de las madres. Por eso en algunos pueblos antiguos, existía el consejo de guerreros y el consejo de madres. Y jamás se tomaba la decisión de la guerra sin la autorización del consejo de madres.

Las mujeres somos portadoras de las relaciones íntimas con la naturaleza; si recuperamos el sentido profundo de nuestro significado, percibiremos que, además de aspirar a los derechos en equidad con los hombres, tenemos obligaciones específicas y diferentes. Por ejemplo la tarea fundamental en el desarrollo de un pensamiento a partir de nuestra sensibilidad capaz de cultivar los valores fundamentales de la vida, la reproducción, la armonía y la apreciación de la vida de todos los seres. Sólo con la incorporación de la mujer y de nuestra tarea específica, el espíritu de la tierra podrá renovar la vida misma para llevar una perspectiva de sobrevivencia para todos. Este también, por cierto, es el papel de las flores y de la poesía. Y como las flores hembras o machos, recurren entonces a todas sus argucias, piden la ayuda del viento, del sol y de los pájaros, para resurgir y perpetuarse como especie, de la misma manera, la distancia que nos separa a hombres de hombres, mujeres de mujeres, y a hombres de mujeres, sólo puede ser salvada por la fraternidad. El socialismo ponía en el centro la igualdad, la democracia la libertad, pero es necesario poner en el centro la fraternidad. Ahí es donde se precisa la fuerza de naturaleza femenina, en el desarrollo de la armonía, del amor por todas las cosas creadas. Precisamente, nuestra fisiología nos acerca a la experiencia trascendental de la entrega y hace propicio el entendimiento para ir al fondo de la creación y recordar que somos una trama incesante. ¿De qué sirve que ocupemos puestos claves en la administración de la cultura o en la política si queda coartada nuestra creatividad por la falta de entrega debida a la desconfianza de siglos de entrega pagados con agresiones? No sirve de nada, aunque existan razones. Todos los que seamos susceptibles de entender el poder de la entrega, tenemos la obligación de la entrega. Los poetas por ejemplo.

Hace un tiempo escuché que un hombre le decía a una mujer: — ¿Mi matamoscas te impide volar?—. Permítanme tomar unos segundos de este precioso tiempo para describirles la malicia en los ojos de ese hombre: ¡Brillaban!, como los de un niño travieso. De más está decir que esa mujer no sostendrá su mano en la hora de la muerte. Pero esa pregunta se quedó troquelada como una marca de agua: ¿Mi matamoscas te impide volar?... ¡No! Quisiera poder hablarles de estadísticas, o de la participación creciente de la mujer en puestos de administración cultural o como creadoras. Pero aún no he alcanzado la suficiente capacidad de abstracción para transmitir mis pensamientos con números. Me son más cercanas las palabras. Me he desempeñado en los últimos 20 años en la promoción cultural independiente, por eso he podido convivir de cerca con cientos de mujeres y sé, de primera mano, que realizamos este trabajo con pasión, eficiencia y dignidad. Mujeres, tampoco somos todas iguales. Las mujeres indígenas, por ejemplo, viven su realidad cultural de una manera muy diferente de las citadinas o de las mujeres de pueblo. He tenido la fortuna de ver los ojos de algunas creadoras indígenas y me he reconocido en sus pasiones, en su entrega. Reconocí también ese destello en las mujeres que sostienen la vida cultural en mi pueblo que está en la sierra norte de Puebla. Lo vi. en las mujeres exiladas en otros países por razones políticas, económicas o sentimentales, constantemente haciendo cultura. Lo he visto en cientos de creadoras que he encontrado a mi paso. Es notoria la aparición de nombres femeninos al avanzar el siglo XXI. ¿Es porque hemos nacido más mujeres? ¿O es porque vamos adquiriendo mayor seguridad en nuestro vuelo? Eso lo dejo a los analistas. Lo que sé es que a lo largo de la vida he visto mujeres poderosas, creativas, líderes, constructivas; y que ese poder es el que se necesita para encontrar la sabiduría de la vida que nos lleve a concluir que debemos regresar al cuidado de la casa de todos, al cuidado de la tierra. El enemigo del amor es el descuido, dice Ramón López Velarde, y nuestro amor a la vida no permite descuidos. Podemos realizar cualquier tarea que antes estaba relegada sólo a los hombres, pero aunque el requerimiento de mayor fuerza de trabajo demande nuestras capacidades, no cambiamos por esas razones nuestra fisiología, como sí lo hacen algunos insectos. Nuestro cuerpo sigue siendo femenino y a sigue siendo apto para germinar la semilla masculina; el modo en cómo nos ganamos la vida, en cómo conseguimos o damos placer, en cómo generamos dinero o lo gastamos, en cómo gobernamos o somos gobernadas, eso… es otra cosa.

Raquel Olvera



[1] Texto leído (con algunas correcciones) en el 2005 compartiendo mesa con Rosario Ibarra de Piedra a quién lo dediqué.

domingo, febrero 27, 2011

cada cosa que sigue siendo cada cosa: gozne :cada cosa que sigue siendo cada cosa


jueves, 03 de marzo a las 19:00 - 05 de marzo a las 22:00
Lugar
estacionamiento centro comercial "La Noria"
45 poniente no.1937
Puebla, Mexico

cada cosa que sigue siendo cada cosa: gozne :cada cosa que sigue siendo cada cosa


La exposición consistirá en 3 instalaciones diferentes que se realizarán dentro de un contenedor de tráiler.


aquí.no.hay.nada
Jueves 3 de marzo
Inauguración 19:00 - 22:00 hrs.

[ Cuadrimomentum ]
Viernes 4 de marzo
Inauguración 19:00 - 22:00 hrs.

Clepsidra
Sábado 5 de marzo
Inauguración 19:00 - 22:00 hrs.



Asesoría de proyectos
Luis Felipe Ortega



Entrada libre.