sábado, julio 22, 2006

asumir cada paso.

Avanzar en el acierto del desacierto,
y abrir los ojos cada mañana
porque amaneció;
nadie puede negarlo.

La esperanza es una cadena que arrastra hacia el mañana.

martes, julio 18, 2006

La Señora Bertita es un papalote de setenta años.

En el abrazo su cuerpo es un puño cerrado

guardando un colibrí.

La Señora Bertita es mi vecina desde antes que naciera.

Nació con una escoba en la mano,

barriendo su jardín.

miércoles, julio 05, 2006

donde Vicente Leñero cuenta que a su padre le gustaba el ajedrez*

Sus amigos del club de ajedréz me cuentan que a todos los hacía pedazos , hasta que se enfermó y, perdido de la realidad, comenzó a comerse sus propias piezas.

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*Revista de la Universidad de México
entrevista con Silvia Cherem

lunes, julio 03, 2006

AMOR CONDUSSE NOI AD UNA MORTE

Xavier Villaurrutia

Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho
sueñas entre mis brazos que te ciñen,
y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho,
hasta colmar la oreja codiciosa,
el rumor de tu sangre y la marea
de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia
y juntar nuestras bocas en un cauce
hasta que de la brisa de tu aliento
se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda,
una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante
en que tu piel busca mi piel despierta;
saciar a un tiempo la avidez nocturna
y morir otra vez la misma muerte
provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide más y más y no se sacia.

Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
como un río de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.