viernes, febrero 10, 2006

Si empezamos a corregirnos antes de escribir, podemos llegar a la parálisis.

Hay dos momentos en la escritura de poesía, cómo el sístole y la diástole; se inhala y se exhala. Vamos a usar la metáfora del pescador: primero se suelta la red, si no es amplia se agarra muy poco. Empezamos diciendo “no porque por ahí no voy a encontrar nada”, “tampoco por allá”. Entonces corremos el riesgo de llegar a una parálisis creativa. Es muy importante prevenir las parálisis. Una de las formas más seguras de llegar a la parálisis es empezarnos a calificar antes de escribir. La escritura tiene dos momentos.

La corrección es indispensable pero no se puede corregir antes de escribir; es una trampa que nos hace el espíritu. Si empezamos a corregirnos antes de escribir llegamos a la parálisis. Tenemos dos vocecitas peleándose; hay que darle un dulce al criticón mientras estamos trabajando y entonces trabajar en automático. Si detallamos en los desaciertos (aunque hay que trabajarlos) lo que podemos hacer es llegar al agotamiento y no darnos el tiempo suficiente para ver si tenemos algo de que agarrarnos: tal vez se tiene que reestructurar todo menos la idea, o menos la emoción, o menos el ritmo. Partimos de los aciertos para saber cómo llegamos ahí, cómo lo hicimos, y mantener ese nivel. En esta etapa intentemos suspender el juicio.

5 comentarios:

Lety Ricardez dijo...

clap, clap, clap, mamita, aunque para los demás esto debe ser elemental, para mí, es estar en el taller contigo. ¿No podrías inaugurar una sección de principiantes? yo siempre seré tu principiante, gracias mamita, me encantó leer mi lección de hoy, aunque ya me la has dado otras veces, recordarla, es bueno para mí

Enigma dijo...

¡Bravo!

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

Anónimo dijo...

voy a contarte una cosa:
cada noche que escribo termino de madrugada, muerto, vacío ya de lo que tenía para contar y cuando me voy a dormir me voy, por decirlo de alguna manera, satisfecho por el vómito nocturno de aquella historia que al otro día voy a corregir.
al otro día me despierto y al releer me doy cuenta de que lo que pro la noche me pareció, por tramos, un texto bastante aceptable es finalmente nada más y nada menos que basura.
termino haciéndole tantas correciones que el texto pierde la esencia inicial, el gruñido de la espontaneidad, y entonces lo tiro a la basura.
así me sucede varias noches, pero algunas de esas noches, y sólo algunas, me encuentro por la mañana delante de un texto que cumple con lo que por la noche había sentido antes de perderme en el sueño tumbador.

Dra. Kleine dijo...

excelente maestra. Hoy traje una manzana.

Y me he puesto calzado de pescador. Seguro hoy hago algo.

citoyen dijo...

Me suena familiar pero en verdad ya se me estaba olvidando. Tendré que hacer un recordatorio.

Muchas gracias, Raque